PUJ Cali – Hernan Dario Sarmiento
El presente informe tiene como propósito integrar los contenidos teológicos abordados en la asignatura con la experiencia vivida en el Programa de Gestión Integral de Residuos (PGIR) de la Pontificia Universidad Javeriana Cali. A partir de la reflexión antropológica desarrollada por J. L. Lorda en ¿Qué es el hombre?, comprendemos al ser humano como una persona multidimensional, constituida por cuerpo, alma y espíritu, abierta a la trascendencia y llamada a vivir en relación con los demás, con el mundo y con el Absoluto.
La visita a la Unidad de Aprovechamiento de Residuos (UAR) permitió reconocer que el cuidado de la casa común no es únicamente una tarea técnica o administrativa, sino una expresión concreta de nuestra identidad humana y espiritual. Nuestras decisiones cotidianas frente al manejo de los residuos reflejan el modo en que asumimos nuestra responsabilidad con la creación y con la comunidad.
En este sentido, el PGIR no se reduce a una estrategia institucional, sino que se convierte en una práctica que encarna valores éticos, comunitarios y trascendentes. Desde la teología, el cuidado responsable de los residuos se comprende como una forma concreta de vivir la fe, la conciencia ecológica y la apertura a Dios en la vida universitaria.
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Todos los integrantes participan activamente en el video, demostrando apropiación del tema y creatividad.
Durante este primer corte comprendimos que la pregunta por el ser humano no es meramente teórica. Según la reflexión de Lorda, la persona es una unidad de cuerpo, alma y espíritu, llamada a vivir en relación con los demás y con el Absoluto, comprensión que se profundizó al contrastarla con la experiencia en la UAR.
La visita evidenció que nuestras acciones cotidianas tienen consecuencias reales. La trascendencia no se vive solo en ideas abstractas, sino en decisiones concretas que reflejan responsabilidad ética. Separar correctamente los residuos, reducir el consumo y promover una cultura ambiental son formas prácticas de expresar nuestra espiritualidad.
El PGIR demostró ser más que un programa ambiental: articula teoría, experiencia y acción. La teoría antropológica nos ofreció el fundamento conceptual; la experiencia en la UAR confrontó nuestra comprensión con la realidad; y el proyecto Laudato Si nos invita a transformar ese conocimiento en acciones sostenibles.
Como retos, asumimos fortalecer hábitos coherentes, diseñar una campaña creativa que sensibilice a la comunidad universitaria y promover una cultura de corresponsabilidad. Construir un campus con residuos cero exige constancia, conciencia y trabajo colaborativo.
En síntesis, este proceso integró reflexión teológica, experiencia práctica y compromiso, permitiéndonos comprender que cuidar la casa común es una forma concreta de vivir nuestra trascendencia y nuestra identidad javeriana.